El cigarro que mata la noche.
Mientras lo prendía pensaba en que no debería estar fumándolo, si no que debería guardarlo para mañana. Luego me di cuenta que el plan para el día de mañana era no despertar.
También recordé, por así decirlo, que tengo que salir de esta. Y salir ilesa.
No puedo sacar de la bolsa algo que no me pertenece ni puedo ir sacándolo cuando creo que esto funciona de esa manera.
El problema reside en no querer reconocer, en seguir creyendo en esas malditas estrellas que me hicieron sentir mi gratificante característica: ‘yo puedo’.
No, astros, yo no puedo.
Y todavía tengo que lavar las tazas de té …

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